Cine y aprendizaje

La experiencia cinematográfica nos permite reeducar la mirada a través de procesos de alfabetización en su lenguaje y aprovechar sus metodologías y procesos de creación para abordar desde la reflexión crítica y la sensibilidad cualquier contenido o temática. Las posibilidades pedagógicas de los procesos de alfabetización y producción cinematográfica impulsan el pensamiento y la reflexión para desarrollar nuestro propio conocimiento. Además, los mecanismos metodológicos del aprendizaje por proyectos posibilitan la cooperación y colaboración en grupos de trabajo donde el alumnado aprende a escuchar, exponer y dialogar con respeto, cooperación y flexibilidad y también a resolver problemas, planificar y organizar el tiempo de forma eficaz.

Uno de los objetivos fundamentales del arte es acercarnos al conocimiento mediante la generación de un espacio de reflexión y el cine, como representación artística, no es ajeno a esta función. La experiencia cinematográfica no tiene como finalidad realizar un registro o una representación de la realidad, sino que aspira a revelar cierta verdad más allá de la dicotomía entre la ficción y lo documental. Jean Luc Godard (1962) lo explica muy bien al afirmar que parte del documental para darle la verdad de la ficción.

Este tipo de escritura cinematográfica documental nos permite aproximarnos a la realidad como un explorador que recorre caminos a la deriva, donde lo importante es lo que nos vamos encontrando, como en una aventura. El cineasta Andrei Tarkovski (2011) explica la esencia del cine como un fragmento de tiempo que abarca un conjunto de hechos de la vida donde se desecha todo lo inservible para conservar solo los elementos imprescindibles de la imagen cinematográfica con la intención de restituir la vida. Se trata, por tanto, de una metodología de trabajo que tiene como objetivo revelar una verdad que, a partir de la realidad, se construye o reconstruye a través del pensamiento y la mirada del cineasta. Esto no implica distorsionar la realidad sino elevar sus significantes, porque el impulso de una experiencia cinematográfica debe ser el deseo de conocimiento.

La mirada de la creación cinematográfica permite desarrollar una doble vía educativa en los estudiantes. Por un lado, hacer documentales es acercarnos poéticamente a la realidad, a la memoria de las personas que nos revelan su verdad en un diálogo con el cineasta ya que «la cualidad poética de una película nace de la observación inmediata de la vida» (Tarkovski, 2011). La cámara se convierte en una intermediaria que permite que las personas sean reconocidas socialmente ya que las sitúa en el centro del discurso. Estas experiencias cinematográficas nos aproximan a la esencia humana a través de la exploración y la reflexión profunda, emocional e intelectual. Por otro, los procesos de creación cinematográfica permiten la práctica de metodologías activas de aprendizaje en el aula para desarrollar las competencias y el conocimiento en cualquier área a través de la puesta en marcha mecanismos de colaboración, trabajo en equipo, autonomía, responsabilidad y cooperación.

Si queremos realizar un acercamiento honesto a la realidad no podemos hacerlo con ideas preconcebidas y será la propia evolución de la experiencia y del rodaje la que irá estableciendo las necesidades progresivamente, posicionando la cámara como la mirada que registra lo que acontece, no solo desde un punto de vista formal sino también desde un punto de vista emocional. La experiencia y la reflexión a partir del contenido registrado por la cámara deben construir un mensaje dotado de significado y profundidad, que se aproxime a la verdad y la esencia de la existencia humana. Porque «el mérito de la creación es la capacidad de dotar a la imagen de intención y de sentido, en hacer que la imagen sea significativa» (Fontcuberta, 2016).

La estrategia pedagógica debe establecer estos procesos de aprendizaje, tal y como propone María Acaso (2017), como un marco de acción social donde se alienta la idea de cambiar y transformar el mundo. Esta metodología implica convertir al alumnado en un ciudadano activo tanto en la construcción de conocimiento como en la necesidad de su participación social.